Crema para afeitar

Si existe una actividad que todo hombre realiza, tarde o temprano,  es la de afeitarse. El quitarse el vello facial se vuelve un proceso mecánico en la vida del hombre, a tal grado que se nos olvida informarnos acerca de todo aquello que involucra. No nos preocupa conocer mucho sobre rastrillos, sobre lociones o sobre la crema para afeitar.

Crema para afeitarSabemos que difícilmente podremos afeitarnos sin el manejo de cierta técnica y sin ciertos utensilios y productos, pero no pasamos de ahí. Aun cuando hoy en día podemos encontrar mucha información en internet, incluso hay tutoriales, acerca de cómo rasurarnos, sigue manteniéndose una especie de tradición en la que los padres, o algún adulto respetado, nos muestran como rasurarnos.

Ya sea en  la modernidad  o en la tradición, lo que se nos enseña va casi siempre enfocado a la técnica, raras veces se nos habla  de los productos que debemos utilizar. Casi nunca se nos habla, por ejemplo, sobe qué tipo de crema para afeitar puede ser mejor para nosotros, o por qué la utilizamos.

La historia, lo mismo en sus más elocuentes datos que en sus más disparatadas afirmaciones, nos muestra como el hombre, desde que superó el salvajismo, ha buscado la forma de reducir su vello. Desde los egipcios, por razones de higiene y cuidado corporal, pasando por los sumerios y los griegos, por razones de estética y belleza, hasta los romanos encontramos el uso de distintas mezclas para facilitar el proceso. Encontramos los antecedentes de la crema para afeitar.

La crema de afeitar, con especificaciones químicas, comenzó a fabricarse en Francia y en Inglaterra, hace más de 150 años, como producto alternativo para el jabón. A mediados del siglo XX se comenzaron a fabricar las primeras espumas para afeitar envasadas, las cuales contenían clorofluorocarbonos, que contaminaban el ambiente.

La industria modifico el producto nuevamente para finales de la década de los 70, utilizando ahora gases como el pentano, el propano y el isobutano, siempre buscando mejorar, higienizar y agilizar el proceso de afeitado. Esta masificación de la producción, mediante el envasado industrial, provocó y  ha provocado mucha inconformidad  entre aquellos hombres que dudan acerca de los efectos para la protección de la piel en ese tipo de productos.

Gracias a esto, el interés por la crema para afeitar tradicional ha vuelto a  surgir. Ya no solo se busca agilizar el proceso de la afeitada, si no que se vuelve a poner énfasis en la humectación y en el tratamiento de la epidermis.

¿Por qué utilizamos la crema para afeitar?

Un cabello humano sin humedecerse, formado por moléculas constituidas con queratina, puede tener la misma dureza que un hilo de cobre del mismo grosor. El vello,  al entrar en contacto con la crema y el agua, pierde su dureza ya que  tiene efecto en el la densidad.

Es por ello que debemos utilizar el agua y la crema para el afeitado, ya que cuando las usamos, facilitamos que la hoja cumpla su trabajo  en un 80%, además que humectamos y cuidamos en su conjunto a la piel en un 60%.

Esta propiedad de humectar y cuidar se la debemos a los surfactantes, que son compuestos químicos capaces de reducir la tensión superficial del agua. Es esa propiedad en su conjunto, la del agua y la crema,  la que permite protegernos ante los agentes nocivos del ambiente, la que permite lubricar la piel,  evitando la irritación y la foliculosis, la que impide que las hojas penetren más allá de la capa de células muertas de la epidermis y corten así la piel viva.

¿Cómo se utiliza la crema para afeitar?

Antes de aplicar la crema en todo nuestro rostro, debemos probarla en una zona pequeña para asegurarnos de que la piel no presentará reacciones adversas. Después de habernos limpiado y enjuagado, esparcimos una capa de crema en el área donde vamos afeitar.

La forma de esparcir la crema  ha cambiado durante los años, aparte de las manos,  se pueden utilizar brochas, capaces de absorber mucha agua, o aerosoles. Hay que permitir que la crema se asiente durante 5 minutos, antes de rasurar, enjuagando  la cuchilla después de cada pasada. El agua y la crema protegerán tu piel de las hojas de afeitar, sin obstruir los poros. Al finalizar hay que secarnos con una toalla limpia, para evitar contaminaciones.